Aún en la noche un débil brillo de luz derrumbaba ánimo alguno.
Cuando el corazón encogía como trapos húmedos estrujados.
Que sentía la pena más profunda, hasta que el alma se retorcía de dolor. Y luego quedaba el último aliento que salía trepando con uñas afiladas, por sólo ver la salida una vez más.
Desplomado, intentaba aferrarse a la vida con vigor,cómo quién corre para coger el último tren de vuelta a casa.
Parpadeaban aquellas pupilas que revelaban congoja y agonía. Sollozos inconsolables.Lágrimas secas que quedaban marcadas en la cara. Reflejaba el sufrimiento arrastrado de toda una vida. Ya ni lo palos ni las pedradas podían agudizar el dolor.
La sangre que brotaba de la herida.... La afrenta que yacía en el alma por tal injusticia.
El error de nacer en un mundo despiadado.
Su destino estaba escrito, pasado enturbiado, futuro incierto, el presente no era mejor.
Apenas había percibido aquellas sensaciones de las que muchos ni nos percatamos.
Siendo desterrado de la vida, sus ansias de vivir fueron en vano.
Pero se despedía de ella con un último movimiento de cola.

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