Alguien pronuncia tu nombre
en las noches oscuras
alguien te busca
y tú no escuchas.
Plata fundida corre entre las piedras
parece espejo
donde el Albaicín y la Alhambra
se reflejan.
Cruce al tiempo detenido
al tiempo agazapado.
Hilando de azul tus mañanas,
rozándote el viento
como dedos que tocan un arpa.
Por los aljibes susurra el agua
y no hay más que hueco en sus entrañas,
lo que suena es una leyenda
dormida en tu alma.
Y a la luz de luna llena
de madrugada y estrellas
el Paseo de los Tristes bruñido queda.
Se escuchan los ecos
de los muertos,
que no son ecos, sino lamentos.
¡Ay, Albaicín querido!
¿Quien te abandonó al otro lado
del camino?
¿Quién destruyó tus puentes?
¿Fue el mismo que te condenó
a la soledad y al olvido?
¡Pobre Albaicín querido!
No llores más,
que hasta llorando
a la luna encelas.
No derrames más lágrimas
que abasto no dan los poetas
en convertir tu belleza en poemas.
Las torres de la Alhambra
ya no vigilan sus murallas
tiene los ojos puestos
en sus calles estrechas
y empedradas.
¡Ay Albaicín que prendas!
¡Con tus cármenes y fuentes!
¡Miradores y plazas!






