Dile al verso
que es tu lengua la que envenena
que la tuya y no la mía
la que no da tregua.
Dile al verso
que no es tu lengua prisionera de tu boca
que sale a pasear
y se aventura en otras bocas.
Tu lengua
con la que hablas,
con la que hieres, la misma...
Dile al verso
que es veneno tu saliva
y droga a la vez
que me condena a imaginar,
perpetuamente,
que bailes bailas,
y a que ritmos te mueves.
Dile al verso
que es tu lengua la que tiñe de negro
las rimas,
y es mi deseo el que entristece
las letras.

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